Oswaldo Vinicio Estrada Avilés alcalde de Guano y Nátaly I reina de Guano, homenajearon a Baltazar Ushca «Hielero del Chimborazo» durante el Encuentro Cultural y compartimiento de tradiciones junto a México y Chile en el teatro municipal Homero Avilés, el domingo 05 de octubre y se entregó en manos de Carmita Ushca/hija de Baltazar Ushca el canto épico del escritor Humberto Carrasco, impreso en una placa y adjunto en un vídeo.
NÁTALY expresó «Es un inmenso honor, como Reina de Guano, darles la más cálida bienvenida a esta tierra de artesanos y tradiciones, la Capital Artesanal del Ecuador, en un evento que nos llena el corazón de orgullo y nostalgia».
Hemos sido testigos de una tarde mágica. Los vibrantes colores y el ritmo contagioso de las danzas de Chile, México y Ecuador, han tejido un tapiz de hermandad sobre nuestro escenario. Esta tarde, nuestros países no han sido solo puntos en el mapa, sino corazones latiendo al unísono, unidos por el lenguaje universal de la cultura.
El intercambio cultural que hemos vivido fortalece nuestra identidad y nos recuerda que, a pesar de las distancias, somos una gran familia latinoamericana.
Pero este día de celebración y color se tiñe también de un profundo respeto y una gran tristeza. Nos reunimos hoy para rendir un sentido homenaje póstumo a un hombre que fue la personificación de la resistencia y la tradición de nuestra tierra: nuestro querido Taita Baltazar Ushca, el Último Hielero del Chimborazo
Baltazar no fue solo un trabajador; fue un guardián silencioso de una tradición milenaria. Durante décadas, su figura menuda y fuerte se alzó sobre las laderas del majestuoso Chimborazo
Con su partida, una era ha llegado a su fin. Sin embargo, su legado es eterno. Baltazar Ushca nos enseñó el verdadero significado del trabajo honesto, la humildad y la conexión profunda con nuestra Pachamama
A su familia, nuestra más sincera gratitud por compartir la vida de este hombre excepcional con el mundo. Que su ejemplo de perseverancia inspire a nuestras nuevas generaciones a valorar y mantener vivas las tradiciones que nos hacen únicos.
CANTO A BALTAZAR USHCA
(Octava Real)
La nieve fue tesoro en su jornada,
Baltazar, con esfuerzo, la sacaba;
su misión en la sierra fue aceptada,
el llanto del volcán él superaba.
La cumbre santa, con su fe constante,
le daba el hielo puro y reluciente;
él, tan humilde y siempre diligente,
la montaña le hacía fiel garante.
Sus burros iban por el sendero frío,
mientras subía a paso firme y fuerte;
el Chimborazo, grande en su albedrío,
le entregaba el secreto de su suerte.
La montaña, un gigante en desafío,
bajo su sombra daba su confianza,
y en cada paso hallaba la esperanza
que su misión jamás sería un desvío.
El viento, en su cantar, le susurraba
historias de un pasado ya lejano,
y el taita, desde adentro, le entregaba
el hielo con su brillo sobrehumano.
Baltazar, con sus manos, lo extraía;
el hielo frío era su fiel tesoro;
del Chimborazo, en su cantar sonoro,
cada trozo brillaba con poesía.
El cóndor lo miraba desde el cielo,
Bolívar, en su «Delirio», lo seguía;
Baltazar encontró en el gran anhelo
el hielo que la cumbre le ofrecía.
Su vida fue pasión, puro desvelo,
arte en las manos, fiel trabajador,
y en su andar se escuchaba, con fervor,
el eco de su esfuerzo en el desvelo.
Los suyos hallaron otros caminos,
lejos del hielo que cubría el suelo;
mas su yerno prometió en sus destinos
seguir su labor y honrar el anhelo.
«Agua Baltazar» quedó en su historia,
como un río que corre en su legado,
un símbolo sagrado y bien guardado,
herencia de su lucha y su victoria.
Con pasos lentos subía hasta la cumbre;
su vida, hecha de hielo y sacrificio,
el viento que golpeaba su costumbre
fue testigo silente de su oficio.
Fue ese toro engreído del destino
que salvaje acabara con su vida;
pero nunca el guerrero se intimida,
y en la cima del honor sigue prendido.
El hielo de la cumbre es patrimonio,
el eco de una vida inmaculada,
de un hombre que jamás perdió el dominio
de su labor y fe tan consagrada.
Baltazar, al marcharse, con decoro,
voló como cóndor hasta el cielo,
y en la cumbre su nombre es puro anhelo,
un himno que resuena con su coro.
Cuatro esquinas, la cuna de su vida,
se acoge al dolor, llora con tristeza;
su alma, en la montaña sostenida,
vive eterna en su paja y fortaleza.
Aunque el hielo, al final, se desvanezca,
la tierra que le vio nacer florece;
su legado por siempre prevalece,
y el viento, en su canción, hace que crezca.
Del pueblo sanandreño, eterna estampa,
de su linaje, el vástago elegido;
su arduo afán le dio fama que no escampa,
le hizo honor a su nombre bendecido.
El mundo ve, en su ínclita memoria,
la razón de ser el último hielero;
con el pico y su espíritu guerrero,
es inmutable insignia de la gloria.
Su labor no podrá ser olvidada;
Guano honra su nombre con respeto;
Baltazar es leyenda consagrada,
su paso sigue firme y tan discreto.
Y en la cumbre, su hielo aún preservado,
es testigo de un hombre fiel y fuerte,
que vivió hasta el final sin temer muerte,
y en su misión, al fin, fue elevado.
¡Hasta siempre, Baltazar!
